Viaje a Bogotá (enero-febrero 2004)

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Enero 19, miércoles:

Levantada a las 5:45, después de una noche inquieta y varios días de preparativos hasta llevar listo el curso. Despedidas y viaje al aeropuerto con María Helena y Marcel. Encuentro con Manuel Vargas, entrada a sala de espera de SAM, fin de la biografía de Bolívar y llamada a María Helena para la última despedida. Oración muy sentida, antes, durante el vuelo y al aterrizar en San Andrés. Falla técnica antes del despegue, y espera de dos horas con almuerzo, leyendo “El general en su laberinto” (García Márquez) sobre el final de la vida de Bolívar en su despedida de Santafé de Bogotá. Trasbordo al avión de Avianca y vuelo hacia Bogotá. Llegada al puente aéreo y de allí a la terminal internacional solo, pues me esperaban hasta las 8:00 p.m. y eran apenas las 4:30. Ayuda providencial de dos maleteros, una oficial de policía y dos taxistas, para finalmente emprender viaje en taxi con Héctor hacia el ITEPAL. Llegada sorpresa y recibimiento de Rodrigo Durango. Acomodo, cena compartir y partida hacia el CELAM para encontrarnos con Anuar Batisti y acordar la metodología que yo les propuse para el curso. Regreso pasando a recoger a Álvaro Cadavid, quien se había varado, y empujar su carro para arrancarlo. Me acuesto consciente de la aventura vivida y de estar a 2.600 metros sobre el nivel del mar.

Enero 20, jueves:

Levantada cansado y sintiendo los efectos de la altura. Baño, desayuno e inauguración del curso, por parte de Anuar y Rodrigo. Charla introductoria mía y lectura del primer cuento del Padre Mamerto Menapace con gran suceso entre los asistentes. Misa inaugural con Monseñor Damaseno, Sec. Gral. del CELAM y otros Obispos.

Almuerzo y siesta despierto, aprovechando cada ocasión para recostarme unos minutos y aliviar el mal de altura. En la tarde empezamos la organización y primera sesión de los grupos de dialogo con los asistentes de doce países. A partir de las cinco, agotado, me acosté hasta las 7:30, hora de la cena, a dormitar y leer a Bolívar. No podía ni rezar, pues la mente se me extraviaba al pensar. Cena para recibir al padre Agenor Brighenti, nuevo vicerrector académico del ITEPAL y acostada temprano, despertándome a media noche con dolor de cabeza. Medicamento y vuelta a dormir.

Enero 21, viernes:

Después del desayuno de la Srita. Francia me sentí reanimado y di la introducción al desarrollo humano durante toda la mañana. Misa, almuerzo, siesta y dinámica de presentación de los 62 formadores presentes, memorizando sus nombres y asociándolos con sus países de origen.
En la tarde conseguí cita con el doctor del ITEPAL Hugo Cárdenas quien me atendió y recetó unos medicamentos para María Helena, encargándole a Pepi, la secretaria administrativa, que las mandara a conseguir para el lunes próximo. Lectura antes y después de la cena, sintiéndome bastante mejor, sin tanto cansancio, dolor de hombros y brazos y el estomago inquieto. Buena noche de sueño aunque despertándome muy temprano, antes de lo necesario.

Enero 22, sábado:

Paseo al centro de Bogotá con Rodrigo y Agenor para encontrarnos con 45 formadores para un tour guiado por la ciudad, que ya voy entendiendo con la ayuda de un mapa.
Casa última de Bolívar en Bogotá, y “casa del florero”, museo del oro, quinta de Bolívar, Teleférico a Monserrate (3.150 metros de altura), artesanía de la esmeralda y regreso por Ave. Caracas a la Autopista Norte a almorzar a las 2:30 p.m., feliz con los manteles de María Helena y rendido del cansancio. Descanso obligado hasta la cena, noticiero y juego del Mundial con los padres del ITEPAL, causando gran sensación el juego.
De nuevo un poquito de dolor de cabeza y dormir inquieto.

Enero 23, domingo:

Aunque despierto temprano, me levanté hasta las 8:30 para desayunar por nuestra cuenta, escribir carta-fax a María Helena y familia, y celebración de la Eucarística íntimamente con los padres a las once. Paseo por Bogotá buscando a salida hacia la Calera a través de rutas cerradas para que la gente ande en bicicleta. Almuerzo muy sabroso en restaurante típico, Casa Brava, y paseo por la campiña hermosa al Noreste de Bogotá, tras la montañas, entre la Calera y Sopó, deteniéndonos en empresas láctea, para regresar por autopista norte hacia el sur, pasando por quinta presidencial de descanso (Hato Grande), hasta el ITEPAL. Día soleado y cálido durante todo el paseo.
Siesta de hora y media, cena y juego del mundial, terminación de la carta y preparativos para el curso al día siguiente.

Enero 24, lunes:

Levantada muerto de frío en un Bogotá nublado y congelado. Baño, desayuno, y charlas muy fructíferas toda la mañana, con muy buena respuesta (Rafael de Colombia y Ennio del Brasil).

Eucaristía cansado y satisfecho, almuerzo y mini-siesta, para organizar los grupos definitivos de diálogo durante el rato de lectura asignada, reunidos todos en el auditorio. Hacia el final de la tarde Álvaro me aclaró que están cortos de presupuesto y no podían concederme el aumento. También me entregaron las medicinas de María Helena y los tres libritos del Padre Mamerto (muy baratos, de la librería del Seminario), lo que unido al hecho de ver una fotografía de él mostrada por un padre Argentino que lo conoce personalmente, y (quiere mostrarle mi curso escrito a su regreso), todo lo cual lo presenté en oración al Señor, entrando en su presencia de manera conmovedora y escuchando su respuesta con toda claridad a cada una de las situaciones planteadas.
El clima se había compuesto, aunque siempre frío, pero hubo un atardecer soleado mientras lo contemplaba orando por la ventana de mi estudio. Hablé mucho con los padres en la cena, quienes me reflejan que los formadores están muy contentos con mi testimonio, el contenido y la pedagogía utilizada en le curso. El padre Anuar también me habló por teléfono al respecto, ofreciéndome un nuevo documento para ser usado como parte de mi tema. Para no perder la costumbre, realizamos un juego del mundial antes de dormir, ganando por primera vez Rodrigo y yo contra Álvaro y Agenor. Me dormí hiperactivo mentalmente para despertarme a las 4 a.m. y seguir con sueño inquieto hasta el amanecer.

Enero 25, martes:

Después de alistarme recé laudes, desayuné y desarrollé con los formadores el tema de las crisis normales en la vida, terminando satisfecho pero casi afónico y cansado. Misa conjunta celebrada por los padres de Argentina y Paraguay, con canciones muy lindas en guaraní. Almuerzo conversando sobre una comunidad ecuménica de profesionales en psicología, medicina, así como sacerdotes y religiosos en México. Siesta inusualmente larga de dos horas y media para reponer las fuerzas y el sueño perdido, mientras los formadores bien organizados realizaban su lectura asignada y grupos de diálogo. Visita a cada uno de los diez grupos al final de la tarde y vuelta a mi habitación a preparar la presentación de mañana, rezar vísperas y actualizar el diario. Tomé café con Rodrigo y el doctor del ITEPAL, para descansar luego leyendo el libro de Bolívar hasta la cena, también con Rodrigo y Agenor, a quienes terminé leyéndoles pasages del libro que les interesaban. Después del noticiero internacional de las 8:30, me vine temprano al dormitorio para acostarme.

Enero 26, miércoles:

Aunque me acosté temprano me costó mucho dormirme y pasé toda la noche con sueño intranquilo. Después del desayuno y acomodo el cuarto (me devolvieron lavada toda la ropa de la semana anterior), presenté a los formadores el tema de la sexualidad, prestándose a mucho debate ciertos puntos; aún así, creo que las orientaciones generales quedaron claras y que tendrán la última semana del curso para ampliarlas.

Almuerzo y siesta normales, acercándose el rato de lectura asignada para que después del dialogo grupal puedan irse media hora más temprano y así evitar el tráfico fuerte del atardecer en Bogotá. En el resto del día preparé para mañana, oré, leí a Bolívar, cené sabroso y compartí las noticias y el mundial.

Enero 27, jueves:

Esta noche dormí muy bien y me levanté contento, probablemente influido por el gusto de recibir el fax de María Helena, que me alegró mucho y tuve hasta que compartirlos con todos los formadores, pues me lo entregaron frente a ellos. Después del desayuno tuvimos una eucaristía conjunta muy sentida como parte de la despedida del padre Álvaro, quien habló muy bonito, lo mismo que el padre Rodrigo. En la mañana presenté el tema temperamento y carácter aplicados a la madurez cristiana. El almuerzo fue un asado al aire libre, también para homenajear a Álvaro, con números artísticos de los distintos países y foto grupal. Mini-siesta y vuelta al trabajo de los grupos, las fotocopias y arreglar con Pepi el pago del curso. Al irse los formadores me quedé muy cansado pero satisfecho del día. Después de un rato largo recostado, de orar y leer, cenamos muy sabroso un spaghetti a la carbonara, cocinado por Álvaro; pero sintiéndonos todos bastante cansados decidimos acostarnos temprano al finalizar las noticias.

Enero 28, viernes:

Aunque dormí bien me desperté mucho antes de la hora de levantarme, después de una noche fría en la que dormí con sweater y gorro. Baño, desayuno y temas de la mañana sobre el rol del formador y los grupos de crecimiento, despertando mucho interés nuestra experiencia de Costa Rica. Durante todo el día, las canciones, presentaciones, eucaristía y almuerzo fueron alusivos a Perú y Bolivia. Siesta muy corta, para luego dirigir el plenario sobre la formación para la madurez humana, lo que constituyó un buen cierre de toda la semana de trabajo. Participé en la despedida del personal del ITEPAL a Álvaro, y me refugié en el cuarto a descansar para reponerme del gran esfuerzo realizado. Un sacerdote mexicano, Felipe, me prestó una novela sobre la vida en familia (“Un grito desesperado”), y el Señor me habló a través de su lectura esta tarde. Me llamaron para la última despedida íntima de Álvaro, con los padres y tres amigos suyos (P. Ricardo, Leticia y Pepi), con comida tipo buffet servida por Francia y su compañera de la cocina. Cuando se fueron los invitados hicimos el último juego del mundial, con saque de honor, y gane final de Rodrigo y mío en un desempate por penales. Me acosté a las 10:30 p.m. pasadas.

Enero 29, sábado:

Durante la noche, entre sueño y vigilia, sentí mucho la presencia del Señor hablándome sobre cómo vivir con más amor, paz y alegría. Desayuno a las siete, oración personal y partida para el CELAM, donde nos encontramos a otros sacerdotes y monjas para ir de paseo a Machetá, a una hora y media de Bogotá, donde hay un balneario de aguas termales. Nos bañamos muy sabroso en la piscina y sudamos en el baño turco, conversando con los mexicanos, y Agenor y Anuar, quien me pidió ir al curso de México a fines de junio.

Almorzamos trucha a la plancha y después de un ratito regresamos a Bogotá, cantando canciones mexicanas dirigidos por el padre Chepe Chuy. Al llegar me sentí con un poquito de dolor de cabeza por la asoleada y me dormí una siesta hasta las 5:30 p.m. Sin embargo, al despertarme el dolor seguía, a pesar de haberme tomado una buscapina, y aunque me distraje leyendo el final del libro de Bolívar, para la cena me di cuenta que sin notarlo me había quemado muchísimo la cara y los hombros hasta media espalda, además de estar sumamente deshidratado. Me embadurné de crema, me tomé repetidos vasos de agua durante la noche, además de otro par de buscapinas (a las nueve de la noche y dos de la madrugada),pero el dolor de cabeza persistió hasta la mañana a través de una muy mala noche que le ofrecí constantemente al Señor, pidiéndole que sacara cosas buenas de esta calamidad.

Enero 30, domingo:

Me levanté todavía con la cabeza pesada, pero entre hacer el desayuno con Rodrigo, Agenor y José de Jesús, escribirle mi carta-fax a María Helena y celebrar la Eucaristía con los padres, me fui sintiendo mejor. Salimos a almorzar carne asada a un restaurante en Cajicá, un pueblito al norte de Bogotá. La tarde se puso bonita, comimos helados “de palito” y contemplamos el paisaje. Al regreso dormí siesta, leí el libro “Un grito desesperado” (que Felipe decidió regalarme) y oré bastante. Después de la cena y el noticiero decidimos acostarnos temprano, así que terminé la carta, este diario y el acomodo de la ropa para mañana, y a dormir.

Enero 31, lunes:

Aunque me desperté antes de la hora de levantarme y a ratos tuve sueños intranquilos, dormí mucho mejor que anoche. Tras el desayuno fue la misa de presentación de José de Jesús Martínez como nuevo rector, oficiada por Monseñor Damaseno, Secretario General del CELAM. Hoy me tocó tratar el tema de la autoestima, asistiendo Anuar a la última sesión, con buena reacción de parte de todos. Almorcé con Anuar y Rodrigo, quienes compartieron conmigo sus planes para los próximos cursos de formadores en México y Colombia. Tras la siesta, organicé la segunda semana de grupos de diálogo, instalando también una comisión para agilizar el proceso de fotocopiado de los artículos sugeridos en mi curso. Tuve mi rato de oración personal, y estuve leyendo unos libros de Benedict J. Groeschel (Crecimiento espiritual y Madurez psicológica) y James W. Fowler (Stages of Faith The Psychology of Human Development and the quest for Meaning) que siguen la misma línea que yo he ido adoptando en mis cursos. Al final de la tarde Rodrigo nos llevó a José de Jesús y a mí a Unicentro, uno de los grandes “malles” de Bogotá de compras, y aunque todo estaba muy caro conseguí camisetas de algodón a buen precio para María Helena y los hijos. El regreso fue demorado por las presas de tráfico de Bogotá. Sin embargo, Agenor nos esperó para cenar y luego vimos un documental sobre Cartagena de Indias. Me acuesto tras escribir este diario y dar gracias a Dios por todas sus bendiciones.

Febrero 1, martes:

En mi oración al despertarme le confié al Señor el viaje de campamento de Claire Marie, así como todas las necesidades de María Helena y familia en mi ausencia. Tras el baño y el desayuno, llegaron atrasados los formadores por el tráfico y celebramos Eucaristía correspondiente a Panamá, Costa Rica, Nicaragua y Cuba, con un especial énfasis mariano. Posteriormente, Monseñor Heriberto Hermes de Cristalandia, Brasil, hizo una corta presentación y me regaló un librito traducido por él. También presentamos semblanzas de cada uno de nuestros países, y me gané la rifa que hizo Heriberto, de Panamá, de una camiseta con la imagen de la Virgen. Por algo lo querrá Dios. Hubo poco tiempo para el tema sobre dar y recibir afecto, así que tomamos la hora de lectura asignada de la tarde para concluir, cerrando con un capítulo del Principito. Al almuerzo me senté con Luis Felipe de Colombia (quien me ha prestado los libros antes mencionados y de los que saqué algunas fotocopias gratis) y con Abraham de México, doctor de Medicina, sacerdote y misionero en Kenia, antes de dedicarse a formador en el Seminario de Guadalajara, Jalisco. Me quedé solo en la casa tras la partida de los formadores, así como la de los tres padres a una actividad del CELAM a la que preferí no ir para poder descansar. Terminé el libro “Un grito desesperado” y me dediqué a orar y meditar un rato largo hasta la cena. Posteriormente, actualicé el diario y dediqué más de una hora a hojear los libros sobre psicología y crecimiento espiritual que me han prestado (Groeschel y Fowler). Con mucho frío alisté mi ropa para mañana, me abrigué doblemente y me acosté.

Febrero 2, miércoles:

Me desperté un poquito preocupado, pidiéndole a Dios que todo esté bien por la casa, y deseando recibir noticias de María Helena, a quien extraño muy especialmente. Al orar después de alistarme, el himno de la liturgia era el “Cántico de las Criaturas” de S. Francisco de Asís, y al contemplar el sol brillando en el cielo me sentí reanimado. Les copie a los formadores la oración de los grupos de crecimiento y celebramos la Eucaristía por grupos, tocándome con Agenor y los de filosofía para el Día de la Candelaria. El tema de la mañana fue sobre el estrés y los mecanismos de adaptación, despertando mucho interés. Hay una presa de materiales en la fotocopiadora pues se fundió la máquina y la están arreglando. Tras el almuerzo dormí siesta y el rato de lectura asignada fue sustituido por una charla (hoy y mañana) de José de Jesús sobre espiritualidad. Al iniciarse los grupos de diálogo me vine al cuarto a orar sintiéndome muy melancólico y ansioso pues el tiempo ha sido largo sin noticias de la casa, pero el Señor poco a poco fue apaciguando mi corazón. Ya deseo tanto estar de regreso…. Le escribí una carta al P. Mamerto Menapace para enviársela anexándole los materiales y el programa del curso con el P. Fernando Barrientos. Me invitaron Rodrigo y Agenor a acompañarlos a Unicentro y compré en oferta los cuentos de García Márquez. De vuelta cenamos y Agenor me visitó en el cuarto para regalarme una foto del ITEPAL y conversar un ratito conmigo. Gracias Señor por todo tu amor.

Febrero 3, jueves:

Antes de dormirme anoche leí las historias de Jacob y de José del librito “Un Dios de tiempo” del P. Mamerto e hice una oración que me permitió dormirme con paz, aunque despertándome desde antes de las cinco de la mañana. Al levantarme, la lectura de los salmos del día me dieron mucha esperanza, y en la Eucaristía los formadores del grupo de Filosofía me hicieron participar muy activamente en la capillita del ITEPAL. Desarrollé el tema de la mañana con muchos ejemplos y diálogo sobre el síndrome de “Estar Fundido” y la necesidad de la “Ley del Puño”. Durante el almuerzo compartí muy a fondo con el Padre Guillermo de la Argentina, y después de una siesta despierta terminé de preparar el paquete para el P. Mamerto, el cual le entregué a Fernando durante mi recorrido por los grupos de dialogo. Todo el día lo he pasado emotivo, extrañando mucho a Mario Helena y la familia, por lo que al cambiar mis últimos pesos colombianos a dólares con Pepi, le conté de mi necesidad de comunicarme con la casa, y me animó a hacer una llamada en la noche por cuenta de ITEPAL. Reconfortado con esa ilusión de escucharlos y expresarles todo lo que los amo, tuve un rato largo de oración y me quedé recostado descansando hasta la hora de la cena. Por fin, a las ocho pasadas logré comunicarme con mi amada y con los niños; lloré por el teléfono de la alegría de oírlos y ahora creo que sí puedo aguantar tranquilo hasta el sábado. Vinieron a cenar toda la plana mayor del CELAM, sacerdotes y monjas, y después del banquete quisieron jugar especialmente el juego del Mundial, destacándose Monseñor Damaseno, Secretario Gral. y un sacerdote uruguayo muy conocedor del fútbol. Me voy a acostar inmensamente agradecido con Dios.

Febrero 4, viernes:

No se si seria debido a la “caipirinha “de anoche o al amor de los míos, pero dormí mucho más apacible que nunca. Me levanté para mi último día con los formadores, y la misa alusiva a Colombia y Venezuela fue dedicada a mi especialmente (en palabras de Luis Felipe y Kafka) y con intercesión por toda la familia;
yo también intercedí por una derramamiento del Espíritu Santo sobre todos ellos. Hubo mucha atención durante la última sesión, terminando con una exhortación para que sean instrumentos de Cristo en la formación y sanación de sus seminaristas, aplaudiéndome con afecto y gratitud al terminar. A partir de ahí empezaron los recuerditos, especialmente de parte de los mexicanos. Almorcé con Elías y Pedro Laur, quien es originario de Toulouse en Francia y conoce del castillo de Mézerville. Me recosté un ratito y procedí a dirigir el último plenario, al final del cual me abrumaron de palabras de aprecio, regalos (incluyendo algunos específicos para María Helena y familia, además de la maquetita del ITEPAL), ante lo que me conmoví abiertamente al expresarles mi agradecimiento. Hicieron fila para despedirse uno a uno de mí, pues mañana ellos se van de paseo mientras yo me dirijo al aeropuerto. También fui a despedirme del personal del ITEPAL, y después de recogerlo todo y llevarlo al cuarto, fui a arrodillarme ante el Santísimo para agradecerle esta vivencia tan extraordinaria de cariño fraternal. Tomé café en la cocina, luego pasé hasta la hora de la cena viendo cosas y arreglando materiales, además de continuar orando. En la cena José de Jesús nos habló mucho sobre la historia de México, luego en el noticiero hablamos de las elecciones en Costa Rica, y posteriormente me vine al cuarto para tratar de acostarme temprano.

Febrero 5, sábado:

¡Día del regreso: Aleluya! Amanecí ilusionado, pensando en María Helena y la vuelta a casa. Me había despertado a las 4.30 a.m. necesitando ir al baño, y de ahí en adelante me la pasé soñando despierto hasta el desayuno, que fue tempranero, para ir a dejar manejando por Bogotá a José de Jesús y Agenor al puente en Autopista Norte, donde los recogió el bus de Turiscol para su paseo a Boyacá. De lejos me despedí una vez más de todos y regresé al ITEPAL a través de calles inundadas para bañarme y alistarme para el viaje. Lo hice todo muy despacio, acomodando las maletas meticulosamente. Francia me ofreció un café a media mañana y orando esperé a Rodrigo para almorzar con él antes de ir al Aeropuerto.


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