Viaje a Brasil, Febrero 1996

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Viernes 2:

Después de días muy intensos para preparar el viaje, salgo en el taxi a las 11:30 a.m. desviándonos por el camino viejo Heredia-Alajuela debido a presa en el Cariari. Documentos, oración en la capilla del Aeropuerto y llamada a María Helena con despedida cariñosa. Intento fallido de despegue y espera de una hora para reparación técnica. Almuerzo y siesta después de escala en Panamá estudio portugués el resto del viaje a Caracas con escala en Barranquilla. Trasbordo, apenas a tiempo, al avión de VARIG. Había cenado antes de llegar a Caracas, me relajé y traté de dormir de las 11p.m. a las 4 a.m., saltándome la cena de VARIG. El asiento era cómodo, y escuché música clásica por los audífonos para distraer el ruido a mí alrededor (“antoyos” para la luz). Hubo que cambiar avión y esperar hora y media en Sao Paulo.

Sábado 3:

¡Ahora sí comienzo nuevo día desayunando en soda del aeropuerto, tratando de hablar portugués para hacer mi pedido, con ayuda de guía turística sentada en mesita contigua, Damiana, quien ofrece darnos tour a María Helena y a mi en Rio y me explica cómo ver el Carnaval en el Sambódromo. Compro tarjetas antes de tomar nuevo avión, que sobrevuela, al despegar, el “Pan de Azúcar” y las Playas de Copacabana e Ipanema. Sin embargo, no puedo fotografiarlas y me dispongo a dormirme, incluso durante la escala en Sao Paulo (¡otra vez!), sintiéndome agotado del viaje. La siesta me refresca, disfruto el almuerzo tipo “snack” y bonita vista al llegar a Foz Iguazú con las cataratas a los lejos. La valija se abrió un poco, sin problema, y me recoge Paulo, ayudante de Adilmar (“Ayumar”), amigo de Anuar. Paulo se admira de que podamos entendernos tan bien y se porta amabilísimo, llevándome a la Represa de Itaipú (la mayor fuente hidroeléctrica del mundo) con tour y todo, y al “Puente de la Amistad”, pasando a Paraguay; me compra presentes (bolsita y quena típica, camisetas “Selección de Brasil, llavero, etc.). Por fin llegamos a casa de Adilmar Satori, presidente de la cámara municipal, exseminarista, y me presentan a su mamá Doña Dileta (Yileta), sus hijas Ligia (Lissia), Lirge y Leida, y los novios de todos: Luciana, Emerson (“odontólogo” en Sao Paulo), Wellington y Rubens. Les doy regalos y, tras chapuzón en la piscina, me baño y cambio de ropa, conversando y dando testimonio hasta la cena, un delicioso pescado en estofado (con verduras) y una cervecita. Se deleitan con el juego del mundial (partidos 2-1 y 3-2) y me acuesto casi a las once y treinta en el cuarto de Adilmar, quien me lo cede generosamente.

Domingo 4:

Me despierto y alisto a las 7:30 pasadas para encontrarme con Anuar, recién llegado, para desayunar abundante todos juntos. Adilmar y Ligia nos llevan al encuentro imponente con las cataratas del Iguazú, tomando video de la experiencia asombrosa e inolvidable (Anuar también me regala un video casete). Nos mojamos junto a la “garganta del diablo”, secándonos posteriormente en esta linda mañana soleada.

Visita al Hotel “Cataratas del Iguazú”, vista desde La Torre y exhibición en joyerías del Hotel y del aeropuerto, comprando al final lo mas apropiado. Viaje relámpago a Argentina y visita al “punto de encuentro entre tres países” (confluencia del Río Iguazú y Paraná entre Argentina, Paraguay y Brasil) y me regalan tarjetas y recuerdos!, para luego cruzar la ciudad de Foz Iguazú rumbo a la casa, donde nos espera toda la familia (5 hermanos y acompañantes) para un delicioso asado (cabrito, oveja y res con ensalada). Descanso media hora tras el almuerzo, acomodo y me despido, acompañándome Adilmar, Luciana y Anuar al aeropuerto. Vuelo soleado y apacible a Curitiva, con el corazón agradecido por todos los regalos de Dios y los amigos de Paraná. Espera larga en el aeropuerto de Curitiva (3y media horas) por retraso del siguiente avión, aprovechando el tiempo para repasar portugues y hacer el diario. Salida con hora y media de retraso (9:45 p.m.), en vuelo en que ceno, me relajo y trato de dormitar un poco hasta disfrutar de la vista nocturna de Porto Alegre en noche de luna. Me espera el Padre Álvaro Pinzetta para viajar en su “V.W. escarabajo” por casi dos horas hasta la ciudad de Caxias (cashías) en las sierras al noreste del Estado Río Grande do Sul. Aún así, el camino se nos hizo rápido, conversando en “portugués “(il fue profesor y me dio una excelente lección), sobre nosotros y el curso. Llegada con lluvia (luego se convirtió en tormenta) para desempacar por un lado de la maleta y dormirme a la hora y media de la mañana.

Lunes 5:

El despertador me ayuda a levantarme a las 7:15, me baño y afeito, apenas para desayunar (encontrándome a dos antiguos Padres amigos ( Marcos Feixpira y Roní” Miguelito”), teniendo la agradable sorpresa en laudes de entender y pronunciar bien casi todas las oraciones.

Bienvenida del obispo don Paulo Moretto de Caxias, asistente al curso,” Presentacao” (Presentassaun) del grupo por parte de Álvaro y dirijo mis primeras palabras en portuñol a los casi ochenta padres de todo el Brasil, para una dinámica de presentación personal y organización de grupos de dialogo que resultó agradable y exitosa. Hago relajación en el receso y empiezo con la primera sesión introductoria que resulta muy inspirada, utilizando más portugués del que hubiera creído posible, para terminar con broche de oro leyendo el cuento del Padre Mamerto en mi propia traducción: “Os óculos de Deus”. Almuerzo muy tico (arroz, frijoles negros, carne molida y ensalada, con vino y uvas de “sobremesa”), conversando con Agostino de Foz Iguazú, dirigido de Anuar. Álvaro se encarga de la supervisión de Actividades por la tarde (Autor reflexión, lectura y grupos), para que yo me pueda dormir una siesta de 3 horas. Me despierto a las 4:15 p.m., y me dedico el resto de la tarde a acomodarme despacio y escribir el diario. Eucaristía a las 6:15 p.m. con reflexión inicial de la Hermana Rogeria, única mujer de grupo. Después de la cena, hago la primera sesión de estrellas del mundial, participando con nosotros el hijo sordo de la cocinera, Douglas, muy inteligente y expresivo. En el cuarto veo los panfletos de Iguazú antes de dormirme.

Martes 6:

Mala noche debido a que se quedó una ventana medio abierta y me comieron los mosquitos. Además me corté al afeitarme, por lo que comencé el tema del día después del desayuno y laudes, bastante desconcentrado y sin computar nada de portugués. Necesité recostarme en el receso, pero para el final de la mañana, sobre desarrollo humano y las crisis normales de la vida, ya me sentía mejor y entrándole de nuevo al portugués. Aún así me dormí una siesta de dos horas después del almuerzo y de una conversación corta con el Padre Jean Marie, de origen francés. Tomé algunas fotos en la tarde, mandé a arreglar la valija y revelar las fotos del primer rollo, y en la computadora del centro escribí un fax detallado a María Helena y familia, esperando enviarlo esta noche. Además, recibí la confirmación de las reservaciones en Río de Janeiro (sin embargo, el sambódromo es carísimo: $190 por persona por una noche). Tras la cena con mi nuevo amiguito Douglas, hicimos un buen partido del mundial, desempatando al final con penales, asistí a la presentación con canciones de Paraná, maté mosquitos y puse plaquita dándole vuelta a la cama, con ayuda de Álvaro; repasé los apuntes en portugués de los temas de mañana y me dormí a las 11.

Miércoles 7:

Dormí muy bien, empezando el día mucho mejor que ayer, con desayuno y laudes, para exponer los temas de Autoestima y Afecto de manera muy satisfactorio y con grandes avances en mi dominio del portugués.

Me trajeron las fotos reveladas muy lindas y tras el almuerzo y una siesta corta pero sabrosa, di instrucciones a los formadores para su auto reflexiones y lecturas, como preparación para el plenario de esta tarde. Pongo al día el diario, para luego atender al Padre Adelar; y antes y después del plenario, dirigido por el Padre Álvaro, me reúno también brevemente con la hermana Rogeria y Frei Itacir. La Eucarística siempre me reanima, y tras la cena con comida típica italiana (Polenta, embutidos, quesos y vino), nos presentaron los Administradores del Centro Pastoral su grupo vocal, cantando bellas canciones italianas y brasileñas. Tuvimos un adelanto de la “Fiesta da uva “con visita de las madrinas del Festival a los que los Padres y Frailes les pedían autógrafos y fotos. Al irse, nos quedamos cantando canciones mexicanas y tango con Alvanir y Diana Sachet, concluyendo con música de samba. En fin, fue una noche festiva y alegre en medio del trabajo del curso. Me acuesto viendo las fotos de María Helena e hijos, y esperando que me contesten el fax que les envié. Hago un repaso del tema de mañana y me acuesto 11:15.

Jueves 8:

Levantada más temprano (“mais cedo”) para tener la Eucaristía de mañana y liberar un rato de la tarde para deporte y recreación, lo cual resulta muy acorde con la teoría del día sobre el manejo del estrés y como evitar el agotamiento psíquico. Salió un articulito en el periódico de Caxias sobre el curso y vino también una periodista, quien tomó fotos durante mi charla, para un artículo más de fondo en un semanario. A los formadores les agradan mis ejemplos, sobre todo personales, para explicar la materia, así como mi esfuerzo por hablarles en portugués, y me lo dicen. El obispo don Paulo me trajo de regalo dos botellas de champagne para celebrar nuestro Aniversario con María Helena, lo que le agradecí muchísimo. También me prestó una biografía de Pablo VI. El otro obispo “Presente” en el curso, don Hilario, se portó asimismo amable conmigo ayudándome con el envío de mi fax a Costa Rica. Tras el almuerzo y la siesta, me puse el uniforme de Brasil y salí a jugar fútbol con los Padres, logrando un par de buenas jugadas y un pase de gol, lo que fue bien apreciado. La cancha era en la colina del Seminario Menor, y al regresar caminando con Alfredo (único uruguayo y extranjero en el curso), además de Eduardo y Obelino) me recogió en su carro Alvanir, a quien le regalé la letra de la canción “La Samba de la Esperanza” aprendiendo a cantarla juntos. También jugué pingpong con Nilton, y después de bañarme leí un poco del libro de Pablo VI. La tarde de hoy resultó relajante para todos, después del intenso trabajo de la semana. Cenamos “cachorros quentes” (perros calientes) y me vengo al cuarto, luego de conversar un ratito en portugués con Álvaro y Gil, a poner al día el diario. La presentación nocturna fue sobre Sao Paulo, y me colmaron de obsequios para mí y mis familiares (jabones en forma de corazón, tarjetas y cosas gigantes como Sao Paolo: abridor y prensa de ropa). Antes de acostarme releí los apuntes en portugués de los temas de mañana, maté algunos mosquitos, oré bendiciendo desde la distancia a todos en la casa, y me acosté a las 10:50 p.m., justo cuando empieza a llover.

Viernes 9:

Dormí, profundo toda la noche y me levanté apenas a tiempo para llegar al desayuno. Las laudes estuvieron bonitas junto a Elías que pronuncia y canta con voz fuerte. Continué satisfactoriamente con el tema de estrategias para el manejo del Estrés, con mucha receptividad por parte de los Padres.

En el receso de media mañana, Álvaro me notificó sobre el mensaje de María Helena en la contestadora, devolviéndole la llamada de inmediato, lo que nos acercó en la distancia para expresarnos nuestro mutuo amor, en la esperanza de que supere el tiempo difícil que viene pasando. Hacia mediodía terminamos el tema del estrés y la parte teórica de la semana. Sigo teniendo mucho contacto con don Paulo, regalándole un recuerdito de Costa Rica, mientras que él me mostró el documento preparatorio de VI Encuentro Nacional de Presbíteros del Brasil en el que me citan y desarrollan los conceptos de identidad, intimidad y generatividad sacerdotal. Tras la siesta y la merienda, en la que don Paulo nos contó sus experiencias con los distintos Papas, y el Padre Vicente, Psicólogo, se comprometió a traducir mi libro al portugués, me vine al cuarto a ordenar la ropa recién lavada (Álvaro pagó $8). Actualizar el diario y leer un ratito, mientras se reúnen los ocho grupos de dialogo hasta la hora de la misa. Leí un capitulo completo en portugués del Documento de los Presbíteros, admirado con mi avance en este idioma, y también sobre el concilio y Pablo VI en español. Pasada la cena jugué una partida del mundial entre Gil y Gustavo (4 a 1), asistí al comienzo de la presentación de la noche, pero decidí mejor acostarme temprano pues me sentía muy cansado. Aún así, me costó dormirme, quizás un poco preocupado después de la llamada con María Helena, entregándole todo al señor, aunque con sueños inquietos durante la noche.

Sábado 10:

Cuando sonó el despertador a las 6:30 el cuarto estaba muy oscuro y llovía afuera torrencialmente, justo al iniciarse el día de paseo. Después del baño alistada y desayuno, jugué pingpong con varios Padres mientras esperábamos los buses. Álvaro celebró una reunión con todos en la que se decidió no cancelar el paseo a pesar del torrencial aguacero, y yo me monté en uno de los dos microbuses junto a Gilio y Gustavo para una larga clase, a la ida y a la vuelta, sobre los verbos en portugués. Al llegar a Gramado, ciudad montañosa de estilo Alemán y llena de flores, visitamos una dulcería en la que regalaban un vasito de chocolate frío, y también pasamos al “mundo de las máquinas de vapor”, muy interesante. Sin embargo los precios de cualquier chuchería son altísimos (de $7.00 en adelante), por lo que solo se podía ver. En el salón junto a la Iglesia principal de Gramado, los laicos gauchos nos tenían un sabrosísimo churrasco asado para almorzar. Así como una emotiva presentación folclórica. Tras orar en la iglesia, partimos hacia la Reserva Forestal Parque del Caracol de Canela, donde contemplamos una colosal caída de agua de 130 metros de alto. Por unas gradas de metal bajamos muchos de nosotros hasta el pie de la catarata, volviendo a subir con gran esfuerzo el equivalente a un edificio de 47 pisos. Ya arriba compré unas tarjetas de Recuerdo que estaban baratas, y me comí un chocolate compartido para reponer las energías perdidas. En el bus grande fuimos hasta la Iglesia de Canela, muy artística y Alemana con una pintura de la Virgen Rubia, y pasamos luego al Lago Negro, rodeado de hortensias, como todo por allí, donde pasamos una media hora muy recreativa. Regresamos con Álvaro en el microbús por un camino equivocado, teniendo que devolvernos muchos kilómetros al punto de partida. Sin embargo, la tarde se había puesto muy linda y soleada, por lo que disfruté del paisaje, el portugués y las canciones (les enseñé “Digo sí, sí, sí” y Edelweiss), para regresar velozmente hasta el Centro de Pastoral en Caxias, donde nos esperaba una sabrosa sopa caliente hacia las 8 pasadas dela noche. Me retiré temprano al cuarto, acomodé algunas cosas, hice el diario y me acuesto físicamente cansado pero muy relajado antes de las 10 de la noche. ¡Gracias a Dios!

Domingo 11:

Aunque dormí bien en la noche, empecé a despertarme a eso de las 4:30 a.m., levantándome para bañarme y alistarme a las 6:30 a.m., pues debíamos desayunar a las 6:30 a.m. Sin embargo, nadie más se levantó, pues cambió la hora en Brasil esta noche (yo no entendí el aviso), y a las 5:30 ya estaba listo para salir. Oré un rato y me recosté otro, hasta que se llegó el tiempo del desayuno. Luego tomamos el bus, en otra mañana fría y a ratos lluviosa, hasta el Santuario de Caravaggio, donde los Padres concelebraron la misa de ocho, contando la historia de nuestro encuentro de formadores. Yo oré especialmente por María Helena, como en todos los Santuarios a la Virgen, y por nuestra estadía en Río de Janeiro. Tras la misa caminamos como 1 kilometro por camino rural hasta un viñedo, donde conocimos a los dueños, comimos uvas a placer y otras delicias (como prestiños), recorriendo las “Parreiras” donde se entrelazan los sarmientos y cuelgan centenares de racimos de uvas. Regresamos lloviznando al Santuario e hicimos tiempo conversando, contando historias que a veces entendía o chistes (“Piadas”), repasando mis verbos irregulares en portugués, así como los nombres de los 80 formadores que ya me aprendí, hasta llegar la hora del almuerzo, delicioso, con sopa, ensalada, spaghetti, salchichón, pollo y churrasco, acompañado de vino, en un local junto al Santuario para mil comensales. El almuerzo me reanimó del frío de la mañana y regresamos en la “combi” (microbús) pasando por un castillo (fábrica de vinos) y la Universidad de Caxias. Me dormí una siesta de dos horas y media, dedicándome luego a leer a “Pablo VI”, para terminar con un repaso de los temas finales del curso. Al salir de mi cuarto, acordé con Álvaro las actividades para “segunda, terca y cuarta feira” (lunes, martes y miércoles). Los administradores nos prestaron sweaters a quienes estábamos con frío y después de la cena partimos grupo para el espectáculo de luz y sombra, en las instalaciones de la Feria de la Uva, sobre la llegada de los inmigrantes italianos a Santa Teresa de Caxias do Sul. Conversé con Peixotto, cura y artista, disfrutando todos “muito” del espectáculo lleno de nostalgia e inspiración. A mi regreso acomodo cosas, hago el diario y me dispongo a dormir a eso de las 11:00 p.m.

Lunes 12:

Aunque puse una cobija extra y desaparecieron los mosquitos, la temperatura bajó a 10 grados centígrados, y yo me desperté desde las 4 de la madrugada, esperando tranquilo la hora de levantarme. El tema de la mañana sobre Psicosexualidad salió muy bien, mejorando grandemente mi portugués. Tras el almuerzo dormí, una siesta corta, y estaba leyendo el libro del Pablo VI cuando recibí el fax de María Helena, que le agradecí mucho. Yo había decidido enviarle un fax de felicitación por nuestro aniversario, por lo que decidí adelantar el envío, y una vez que atendí al Padre Marcos Feixeira, y que visitó brevemente a los grupos de dialogo por sugerencia de Álvaro, escribí el fax a María Helena tratando de comunicarle todo mi amor y mi ánimo en vísperas de Aniversario, marcado esta vez por nuestro encuentro, Dios mediante, en Río de Janeiro. Sin embargo, después de la cena intentamos enviarlo pero no pasó. Esta noche nos visitó un grupo coral y de bailes italianos, de origen humilde y ataviados con sus trajes tradicionales. Al finalizar comimos uvas y tuvimos la presentación hasta las 11:15 de los Padres de Río Grande de Sul. Me acosté tarde para reponer las fuerzas para el último día de “Palestras” (conferencias), abrigándome bien pues sigue haciendo “muito” frío.

Martes 13:

Dos veces en la noche me desperté sobresaltado por sueños perturbadores, espabilándome desde la madrugada, y pasando parte de la mañana sintiéndome muy ansioso y deseando terminar bien la parte final de este curso tan intenso. Después de varios intentos fallidos, opté por enviar el fax a las oficinas de Árbol de Vida, sin poder confirmar si lo recibieron. La mañana de charlas salió muy bien, concentrándome en la labor de los formadores y el establecimiento de grupos de vida, lo que suscitó mucho interés y muchas preguntas. Habiendo terminado los temas del curso almorcé más tranquilo y me dormí una siesta de dos horas y media, despertándome diez minutos antes del Plenario, para encontrarme el fax de Árbol de Vida, diciendo que el mío resultó ilegible, y que lo intente de nuevo a una casa, pues lo están esperando. ¡Así lo hice! (esperando que llegue por fin). El Plenario, dirigido por Álvaro y por mí, comenzó muy desorganizado en las presentaciones, pudiendo corregirse el rumbo para terminar de manera muy satisfactoria. En el almuerzo había ultimado detalles sobre la traducción de mi libro al portugués con el Padre Vicente, esperando reunirnos a fines de junio en Sao Paulo, y el Padre Luiz Miguel me propuso que sea ediciones Paulinas la que lo publique en el Brasil. ¡Todo está en manos de Dios! Asimismo, tras la cena, y acompañados por el niño sordo Douglas, le enseñé el juego del mundial a Álvaro, ofreciéndose para ser mi representante en el Brasil para intentar colocar y producir el juego, pues le gustó mucho y el obispo don Paulo, quien hoy me regaló un libro dedicado, lo recomienda como el sacerdote mejor empresario para este proyecto, dejándolo también en manos de Dios. Alfredo, de Uruguay, me regaló un llavero uruguayo, Gil un librito y Marcos una tarjeta para María Helena.

Posteriormente me vine a la última presentación sobre los Estados del Norte del Brasil, aprovechando para actualizar el diario, y escuchando solo las canciones y las “piadas” (chistes). Desde la Eucaristía de la tarde comenzaron los testimonios sobre el curso y las despedidas de los que parten mañana temprano, entendiéndoles mucho más todo lo que dicen en portugués. Al final de la noche regalé, rifándolos, los huevitos y monedas de Costa Rica, para luego acostarme a las 11:30 p.m.

Miércoles 14:

Dormí mejor que las noches anteriores y me alisté temprano para desayunar a las 7 a. m., rezar laudes y pasar a la última sesión de testimonios y evaluación del curso, manifestándose todos muy satisfechos y elogios conmigo. Después del receso pasamos a una misa de clausura inolvidable, oficiada por el obispo don Paulo Moretto, quien hizo todas las oraciones (inicio, ofertorio y comunión) de a liturgia matrimonial, refiriéndose explícitamente a María Helena y a mí. La homilía fue un dialogo en grupos pequeños y la oración de los fieles resultó muy espontanea, larga y centrada en el Señor. La presentación de las ofrendas incluyó hogaza de pan, una copa grande y seis pequeñas en una bandeja y los materiales del curso, todo lo cual se colocó en el altar para el ofertorio. La comunión fue bajo las dos especies, cantándose canciones muy bonitas que me inspiraron en oración. Y antes de la bendición final, me llamaron al frente para escuchar mensajes de gratitud y homenaje: la Hermana Rogeria me entregó un ramo de flores y marcondes un enorme regalo en papel rojo y gran lazo, ambos por el aniversario de bodas, y Carlos me regaló el libro del Principito en Portugués, firmado por todos los Padres. Me emocioné mucho agradeciéndoles y me aplaudieron poniéndose de pie muy cariñosamente. También hubo palabras para honrar a don Paulo y a Álvaro. Reconociéndose a su vez el servicio de los Seminaristas asistentes. Al terminar la misa se dieron los abrazos de despedida entre todos y, finalmente, pude llevar todos mis regalos al cuarto, donde grabé con Gilio las canciones en español que le enseñé “Digo sí” y “De colores”). El almuerzo también resultó muy grato, encargándose Álvaro de que me dieran una caja de uvas para compartir con María Helena en Río. En mi cuarto, nuevamente, fue la epopeya de acomodarlo todo, con el regalo grande –sin abrir- en la maleta recién arreglada, las cosas más de cuidado en el maletín, el champagne y las flores en un bolsón enorme conseguido por la Hna. Rogeria. Con todo listo, me relajé por media hora, y luego de una ultima despedida con quienes quedaban (incluyendo a Douglas, con cuya mamá había conversado. Sobre su rehabilitación después del almuerzo), me fui con Álvaro y Roní a la estación Rodoviaria, donde me despedí de Álvaro, pues no convenía que me llevara al aeropuerto debido a un desgarre en su pierna. Prácticamente me dormí ratitos y soñé despierto en el bus, recordando al detalle los eventos de nuestra boda y luna de miel hace quince años, hasta llegar a Porto Alegre, una de las mayores ciudades del Brasil. De la estación tomamos un taxi hasta el aeropuerto, donde Roní me presentó al Padre Danilo y al Sr. Gregory, Presidente de Caritas Internacionales.

Tras despedirnos, ingresé al vuelo de VARIG, aprovechando para leer el periódico en portugués sobre la inundación por un temporal ayer en Río y sobre la Película filmada en Caxias do Sul, que compite para los Oscares como filme extranjero. La cena estuvo deliciosa (pollo en salsa y ensalada de atún con anchoas, acompañada de postre de queso con jalea de guayaba). Actualice el diario, mientras veía atardecer a lo lejos, sobre un manto de nubes interminables que reflejaban celajes de distintos colores, hasta ver ponerse el sol esplendorosamente en el horizonte. Al llegar a Río me esperaba Arildo Martínez, un carioca de Botafogo, quien nos dará el servicio de transporte. Me explicó algunas cosas sobre Río en el camino, dejándome en el Hotel Horza Excelsior frente a la playa de Copacabana. La habitación es de estilo antiguo y me dediqué a desempacar, particularmente los presentes de Aniversario para la llegada de María Helena mañana. Me di una ducha y me acosté disfrutando del calor de Río, apenas mitigado por el aparato ventilador del cuarto, a eso de las 11:00.

Jueves 15:

Levantada a las 4:40 para ser recogido por Arildo camino al aeropuerto, viendo el amanecer sobre Río. ¡Primera vista del Cristo del Corcovado! Con el cambio de hora, María Helena llegó a las 5:00 a.m. y acababa de salir cuando nos encontramos. Arildo nos habló de la ciudad en el camino de regreso al Hotel y, entrando a la habitación, sorprendida María Helena con todos los presentes de aniversario que le tenía preparados. Conversamos un buen rato, bajamos a desayunar y compartimos momentos muy plenos al estar juntos de nuevo. María Helena sólo había dormido tres horas en el avión. Por lo que se durmió desde las diez hasta las 2:10 de la tarde, aprovechando yo para dormir también un rato, repasar portugués, medio comunicarme con Arildo para tratar de concertar un tour para mañana. Actualizar el diario, ver fotos, etc.. en fin, entretenerme, velando el sueño de mi bella durmiente. Al fin, concreté telefónicamente nuestro tour de Río para la tarde de mañana con un 40% de descuento del precio inicial. Al despertarse María Helena dialogamos largamente sobre todo lo vivido por ella en vísperas del viaje. Luego salimos del Hotel a reconocer el terreno, empezando por ver cosas en la joyería de “Stern” junto al Hotel. Esto hizo que la encargada, Arine, nos ofreciera un tour gratuito a los talleres y oficinas centrales de la compañía en Ipanema, pasando allí de 4:30 a 6:30 deslumbradísimos por todo lo que nos enseñaron. El camino de regreso en el carro de la compañía, a esa hora del atardecer, por las avenidas costeras de Ipanema y Copacabana, con el Pan de Azúcar al fondo, las playas blanquísimas y un mar azul topacio precioso, así como el paseo por donde camina la gente despreocupadamente, me hizo sentirme maravillado de estar aquí con María Helena y darle mil gracias a Dios. Decidimos entonces caminar hasta un supermercado El Pao de Acucar y hacer compras necesarias. Ya de regreso, cargando las bolsas por el paseo de la Avenida Atlántico, María Helena diviso un restaurante-“Mirage” donde pudimos comernos una comida de tipo más casero, sabrosísima y a un precio mejor que en los Restaurantes aledaños. Nos sentamos a disfrutar la cena en una mesa con vista a la playa, que me evocaba nuestro primer día de luna de miel, en un contexto mucho más pleno y Realizante, en esta nueva etapa de nuestra vida. María Helena redacto el fax que quería enviar mañana a Costa Rica, y a nuestro regreso al Hotel compartimos gozosamente por tanta cosa buena al estar juntos, para dormirnos temprano en espera del nuevo día.

Viernes 16:

Nos despertamos también muy temprano y descansados por el sueño nocturno, dialogando con mucha profundidad sobre la experiencia existencial de María Helena, de una manera muy clara y satisfactoria para ambos. Nos bañamos, actualice el diario y tras un rato de relajación, de meditación con sentir profético sobre la forma en que Dios se Alegra con nosotros y desea agasajarnos en este tiempo, y de alabanza a El por sus grandezas, bajamos a desayunar hacia las 9:00 a.m. En la recepción conocimos a Edgardo, panameño estudiante de medicina, quien nos empezó hablar sobre la posibilidad de ir al Sambódromo en Carnaval. María Helena prefirió quedarse en el hotel y yo di mi primer recorrido por la playa de Copacabana, descalzo en la arena húmeda bajo un sol brillante y caluroso en medio de un gentío y de la vista imponente de los hoteles, entre los que se vislumbra ocasionalmente el Cristo del Corcovado. Mientras me bañaba refrescándome en el mar, llegó también una pareja que causó todo un revuelo, pues tanto el como ella estaban “topless”. Tras alistarme, llegó Arildo a las 12 mediodía para iniciar un tour que resultó maravilloso. Primeros subimos hasta el Corcovado, divisando desde el Cristo una vista impresionante de Río de Janeiro. Al bajar almorzamos pescado en un Restaurant superfino de la Ensenada de Botafogo llamado “Sol y mar”, rodeados de meseros y con vista a la bahía y al Pan de Azúcar. Luego ascendimos el cerro de Urca en el funicular para llegar finalmente a lo alto del “Pao de Acucar” contemplando maravillados el panorama que nos rodeaba. A mi me impresiono especialmente ver el Cristo Redentor entre las nubes, allá a lo lejos, junto al sol del atardecer, en un especie de prefiguración de la Parusía. Luego de comprar unas tarjetas alusivas volvimos al hotel a las 6 pasada de la tarde, cenando en el cuarto cereal y cosas compradas, después de leerme toda la información sobre el carnaval, para acostarnos a eso de las 10.

Sábado 17:

Nuevamente empezamos el día temprano, desayunando muy sabroso con huevos al gusto. María Helena no se sentía bien, pero después de conversar rato, salimos a cambiar dólares. Para luego comprar batiks a muy buen precio y atrevernos a tomar un ómnibus al Centro Comercial Río Sul en Botafogo, donde todo estaba carísimo, encontrando sólo un par de ofertas para los hijos. Regresamos en taxi, teniendo que ir a conseguir más “Reais” a la casa de cambio para poder pagar los tiquetes del Carnaval. Almorzamos un “mirare”, no tan sabroso como ayer, y después de la siesta Maria Helena me acompañó a la playa hacia el atardecer, para un paseo muy lleno de atracciones a cada momento. De vuelta en el Hotel, y luego de haber caminado frente al Copacabana Palace, donde le compré la camiseta de Brasil número 10 (Pelé) a Jean, decidimos celebrar con champagne nuestro aniversario, tomándonos fotos comiendo boquitas, viendo por televisión el programa previo al carnaval, en fin, gozándonos mil en esta segunda luna de miel.

Domingo 18:

Aunque me dio un poco de dolor de cabeza en la madrugada por el champagne, dormí mucho mejor que anoche, a pesar de que no nos han instalado aún el aire acondicionado, que se llevaron antier. Por la mañana, caminamos por la ave. Atlántico cerrada en uno de los sentidos al tráfico de autos, por ser domingo. Caminamos juntos por la playa, tomamos fotos uinicas, incluyendo a una pareja topless de la que María Helena se hizo amiga. También entablamos amistad con una pareja mayor, él, Enrique Sossa, mexicano americano, y ella, Raissa, ruso-brasileña, compañeros de baile y de vida actualmente, con quienes convinimos ir juntos al carnaval, ¡aprovechando el transporte que nos consiguió el ascensorista Celmo! Así que después del Almuerzo en Mirage, partimos a las 4 p.m. hacia el Sambódromo en el carro medio chocho de Geraldo, para pasar allí casi doce horas de paroxismo carnavalesco ubicados en el Sector 4, hacia el final del recorrido, vimos pasar seis escuelas de Samba con más de sesenta carrozas y unos 25.000 bailarines, acompañándolos desde las graderías cantando y bailando junto a los miles y miles de brasileños aquí reunidos en una fiesta única en el mundo. Gracias al Señor hemos podido estar aquí en Río y en esta noche inolvidable, regresando sanos y salvos al Hotel a las cuatro pasadas de la madrugada para reponernos del cansancio, pero henchidos de satisfacción por la experiencia vivida.

Lunes 19:

Nos despertamos a las 9:30 a.m. para bajar a desayunar, para volverme a dormir hasta la una de la tarde. Después de actualizar el diario mientras María Helena se dormía un ratito, pues no lo hizo antes, fuimos a cambiar unos batas y disfrutamos de un nuevo rato de playa de cuatro en adelante. Me bañe corto y caminamos en ambas direcciones de Copacabana, para luego alistarnos en el cuarto y salir a cenar a un restaurante italiano muy sabroso (sopa de pollo y ensalada) caminos por el paseo de la playa en esta noche de carnaval, asistiendo a una concurso popular de samba, viendo niños y otra gente disfrazados, así como a una gran concentración de travestis en la esquina del Hotel Excélsior, con atuendos y poses fuera de todo lo conocido por nosotros. Le tomé una foto a María Helena con uno de ellos en traje de novia, y la gente los rodeaba haciendo un gran jolgorio. Ya en el cuarto vimos el carnaval en su segunda noche por televisión, dedicándome hacer el diario después de dormir a María Helena, para acostarme pasada la media noche, contemplándola.

Martes 20:

Nos despertamos a las 8:15 a.m. y bajamos a nuestro último “café da manhá” con la vista linda de la playa de Copacabana. Optamos por ir en la mañana a “H. Stern”, viajando gratis hasta Ipanema donde María Helena encontró el anillo que buscaba y compramos algunas artesanías. Luego caminamos hasta la playa, disfrutando allí un rato inolvidable de sol y mar, multitudes bañándose y la línea de hoteles con los cerros hermosos al fondo, en fin, un panorama esplendoroso. Luego de secarnos al sol, caminamos hasta el bar” La Garota de Ipanema” donde se escribió la famosa canción, para regresar despidiéndonos de la Laguna Freitas y de la parte Sur de la Avenida Atlántico en Copacabana. Nuevamente almorzamos en el restaurante italiano “La Trattoria” y, tras una siesta reconfortante, nos fuimos a despedir de la playa y del paseo de los bonito a una “carota” jovencita con un grupito de “Corianas” y luego realizar una última comprita, tomarnos una coca turistas. El ambiente estaba muy animado, viendo bailar samba muy cola en el restaurant de la esquina súper concurrido y regresar al Hotel, justo al comenzar la lluvia para empacar nuestras cosas, pagar el Hotel y regalarle a Neton los víveres sobrantes. Cenamos viendo por televisión mas el carnaval, pasando un último rato muy lindo para una noche corta y levantarnos a las 4:00 a.m.

Miércoles 21:

Arildo nos lleva al aeropuerto y el avión sobre vuela Río para un último vistazo (y fotos). Antes de atravesar S. Amér.de este a Oeste rumbo a Lima, sobre volando el Lago Titicaca y la Cordillera de los Andes. Debido al atraso de una hora en nuestro vuelo de AeroPerú no pudimos trasbordar a tiempo en Lima, y el avión de LACSA se fue sin nosotros, quedándome al principio un poco consternado ante al situación. Sin embargo, Perú asumió su responsabilidad por lo ocurrido y, tras recoger nuestro equipaje y enviar un fax a San José explicando, nos llevaron con todos los gastos pagos al Gran Hotel Bolívar junto a la Plaza San Martin en el centro de Lima. Nos acomodamos en una habitación con balcón a la avenida y bajamos a almorzar un delicioso pescado (María Helena a la parrilla y yo apanado) en el restaurante de este lujoso hotel de cinco estrellas. Entonces, nos dimos cuatro horas de excursión por las calles de Lima, empezando por el Jirón de la unión, calle peatonal donde compramos un regalo para Jean y nuevo rollo de película, para fotografiarnos ante el Monumento a San Martín, el prócer, en el templo de la Merced y frente a la Catedral. Me sentí impresionado de retornar 25 años después a estos lugares, y en la Plaza de Armas, leímos todo lo referente a los sitios de interés aledaños. Optamos por visitar el Convento de los Dominicos, y una guía limeña, Gabi Patricia, nos mostró el lugar, maravillándonos no sólo de los aspectos Arquitectónicos, de decorados y artísticos, sino sobre todo de los recuerdos aún tan vividos en el convento de San Martín de Porres, Santa Rosa de Lima y San Juan Masías. Yo me tomé foto en el estrado donde se defendieron las primeras tesis académicas en América, Antigua Universidad de San Marcos, y a María Helena la fotografié ante el Cristo que San Martín amaba y levitaba para besarlo, y ante la tumba de Santa Rosa nos despedimos de la guía muy emocionados por la experiencia vivida, y nos fuimos al mercado popular contiguo al convento a comprar artesanías peruanas, muy bellas y baratas, para luego regresar agotados al Hotel, nuevamente por el Jirón de la Unión. Una cena liviana pero sabrosa nos reanimó, complementada posteriormente con un baño caliente en tina grande y las noticias sobre el partido Perú-Uruguay por televisión (4-2), cerrando con broche de oro junto a Maria Helena esta noche memorable e inesperada en Lima, que Dios en su providencia maravillosa nos ha regalado. Maria Helena se durmió primero y yo apagué la televisión y las luces a eso de las 10:30.

Jueves 22:

Nos levantamos renovados por el sueño nocturno para alistarnos y bajar a desayunar, recorriendo los fastuosos corredores y salones elegantes de este famoso Hotel. Tras un desayuno continental por cuenta de AeroPerú, tomamos unas ultimas fotos del cuarto y en la escalera regia del Hotel, para partir hacia el aeropuerto a las ocho pasadas de la mañana, reteniendo en mi retina la última imagen del Monumento ecuestre de San Martín en esta bella mañana soleada. El camino al aeropuerto resultó muy congestionado, así como el paso por los mostradores respectivos para chequearnos en el vuelo de LACSA a San José, haciéndolo todo apenas a tiempo para partir. Ya el avión María Helena durmió un ratito y yo me relajé contemplando la vista del Puerto del Callao, repleto de barcos, donde una vez atracamos Jorge, Juan José y yo en nuestro viaje mochilero a Suramérica de 1971-72. En el avión nos sirvieron un pescado muy sabroso, acompañándolo con un whisky y una copita de licor de café que me dejaron muy satisfecho, para actualizar el diario mientras María Helena dormida a mi lado. Después de la escala en Panamá, volamos sobre la parte norte del Canal, pudiendo apreciar cómo un barco de lujo ingresaba a la Esclusa del Lago Gatún rumbo a la ciudad costera de Colón, recordando nuevamente nuestra partida del Puerto de Cristóbal, en el barco italiano Donnizetti, para el” viaje de la Amistad “hace 25 años. Llegada emotiva a la casa, donde mamá, con Karina y los hijos nos habían preparado un letrero de bienvenida alusivo al Aniversario de bodas (15 años), brindamos con vino, y comentamos gozosamente nuestras experiencias, sintiéndonos gozosos y agradecidos con Dios por todo lo vivido. ¡Aleluya!


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