Atahualpa Yupanqui, entre el Teatro Nacional y el Hotel CR (1978)

Atahualpa Yupanqui, entre el Teatro Nacional y el Hotel CR (1978)

Ya de vuelta en Costa Rica, para mí fue una bendición experimentar de nuevo la cercanía y los vínculos de afecto con mis amigos de toda la vida. Particularmente, en la casa de Édgar y Blanquita nos seguíamos reuniendo con Helio Fallas y su esposa Nuria, así como con los antiguos compañeros de la JEC, y hasta se agregaban personas más jóvenes, afines con esa dinámica nuestra, en la que la espiritualidad, el arte, la cultura y la búsqueda del progreso humano han estado siempre presentes. En ese tiempo vivía con ellos María Cecilia Narváez, la sobrina de Blanquita, quien nos acompañaba a menudo. Así fue como decidimos ir, en un pequeño grupo, al Teatro Nacional para la presentación del afamado folclorista argentino Atahualpa Yupanqui. Debido a que queríamos escucharlo de cerca, procuramos adquirir asientos de luneta, en la tercera fila, justo frente a la tarima donde él se sentó a cantar para nosotros, mientras tocaba su guitarra con un gran manejo de su mano izquierda.

Sus canciones, entre las que destacaba “Los ejes de mi carreta”, nos habían cautivado desde la época universitaria y, aún más en mi caso, tras nuestra vivencia mochilera al recorrer el norte argentino, de donde él era oriundo. Su forma de rasgar la guitarra, el acento con que pronunciaba las erres al entonar sus coplas y sus comentarios sobre las letras de sus cantos me emocionaban. Al concluir su acto, que fue premiado con grandes aplausos, se nos ocurrió la idea de acercarnos al vestidor para expresarle nuestra admiración, antes de que se fuera. Estábamos solo nosotros y nos acogió con mucha naturalidad, por lo que entablamos un diálogo sobre lo que le llamaba la atención de Costa Rica y de aquellas afinidades que encontraba con su patria Argentina. Se fue desarrollando una agradable conversación y él mismo nos insistió en que saliéramos en compañía suya hasta el frente del Teatro Nacional, ya que estaba hospedado precisamente en el Gran Hotel Costa Rica. Encantados de vivir aquel momento de cercanía con “don Ata” continuamos compartiendo con él todavía un ratito más. A la hora de despedirnos le expresamos nuestro aprecio y nos fuimos para la casa muy agradecidos de haber conocido en persona a Atahualpa Yupanqui.

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