Recuerdos del campeonato extramuros de Michigan State (1974-75)

Recuerdos del campeonato extramuros de Michigan State (1974-75)

Al año siguiente de mi llegada a Michigan me enteré de que todos los trimestres de primavera y de otoño organizaban un torneo de fútbol al aire libre, diferente de los jugados dentro de los estadios. Aquí participaban equipos organizados por distintos motivos, regiones geográficas o bien, como en el caso de Owen Hall, asociado con el dormitorio internacional. Aunque yo no residía allí me aceptaron y empecé a entrenar con ellos, en un conjunto multinacional de jugadores provenientes de Europa, África, Norte, Centro y Suramérica. En verdad era muy estimulante la camaradería entre gente de tantos lugares, unidos por el idioma universal del fútbol. Incluso, por un tiempo, jugó con nosotros una futbolista gringa, muy buena en la posición de extremo izquierdo, en una época en la que aquello parecía una rareza. Yo, particularmente, me hice muy amigo de un inglés, Raymond Bourne, quien era casado y tenían una niña pequeña, por lo que residían en la zona de “Married Housing”. El hecho es que, además de formar con él lo que hoy se llama una “buena sociedad” dentro del campo, alguna vez los invitamos a cenar a nuestra casa. Otra cosa llamativa es que, según la época del año, las condiciones para jugar al fútbol variaban muchísimo, pues en primavera tendía a hacer bastante calor, mientras que a finales del otoño a veces nevaba y jugábamos soportando un frío pavoroso.

Durante el primer campeonato en el que participé tuvimos problemas, porque los tres mejores jugadores de nuestra escuadra no llegaban a entrenar, pero insistían en ser titulares a la hora de los partidos, lo que fue molestando al resto de nosotros. Cuando llegó la final, que jugaríamos contra el equipo árabe, decidimos rebelarnos y dejarlos a ellos en la banca pues, aunque perdiéramos, queríamos enfrentar ese desafío con quienes habían participado fielmente a lo largo del torneo. Fue un partido muy emocionante en el que anoté el primer gol, con un tiro cruzado de izquierda, desde la media luna del área grande, después de gambetear al zaguero opositor. Para el segundo tiempo, cuando ganábamos por dos goles, le dimos oportunidad de jugar también a aquellos compañeros buenos, pero indisciplinados, quienes ya habían aprendido su lección. Aún conservo con orgullo el trofeíto individual que recibimos como campeones.

Además de ese gol, en la final de mi primer torneo en MSU, puedo evocar algunos otros que para mí fueron significativos. En ese entonces yo jugaba de volante y, gracias a mi buena condición física, corría sin cansarme todo el partido. En cierta época me especialicé en cobrar los tiros de penal, pues era muy efectivo. Desarrollé una técnica de mirar y enfilarme hacia el lado contrario al que pensaba patear, cambiando a última hora la dirección del disparo, lo que desconcertaba a los porteros. Asimismo, en un match muy reñido anoté un doblete, por tercera vez en mi vida, algo que siempre evoco con gran deleite. El primer gol fue de cabeza, con un salto en el aire hacia adelante, ante un centro preciso de Rumbani, nuestro extremo derecho africano. El segundo ocurrió por la izquierda, tras una jugada de pared con Ray Bourne, donde él, sobre la línea final, me la devolvió por bajo y yo cerré la pinza con un golazo. ¡Antes de allí, en MSU, nunca había jugado en marcos cubiertos con redes, por lo que verlas abombarse al lograr cada uno de esos goles contribuye a un gran recuerdo!

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