El tío Enrique, gran figura de la Galería del Deporte Nacional (1959)

El tío Enrique, gran figura de la Galería del Deporte Nacional (1959)

Desde 1982 mi tío Enrique de Mézerville forma parte de la Galería del Deporte en Costa Rica. Como portero del Herediano compartió honores con Eladio Rosabal Cordero, Claudio Arguedas y otras glorias de entonces, ganando su primer campeonato en 1924, cuando era un jovencito de 18 años, hasta integrar el equipo tetracampeón entre 1930 y 1933. En la época de los años veinte, en que se permitía la carga contra los guardametas, a menudo regresaba a su casa con el pecho desgarrado por los tacos de los delanteros contrarios. Esas tardes dominicales mi papá lo curaba y él prometía dejar el futbol, aunque sus propósitos no duraran más que hasta el siguiente domingo. Si bien el “Team Florense” fue siempre el equipo de sus amores, el Club Fortuna, campeón de Cuba, lo integró de refuerzo a su plantilla en una gira suramericana, en 1930, junto a otros costarricenses como Alejandro Morera, «Chizeta» Rojas, Hernán y Oscar Bolaños, el «indio» Buroy y José Antonio Hutt. De hecho, los guardametas Enrique de Mézerville y Ricardo “El Manchado” González fueron los embajadores del arco isleño durante aquella gira. Mi papá contaba la anécdota de que una vez, durante sus estudios de Medicina en Bélgica, para su sorpresa se encontró en una barbería de Bruselas una revista deportiva donde aparecía una fotografía de su hermano Enrique realizando una gran atajada, en un juego internacional jugado en Lima, Perú. Muy orgulloso le dijo al barbero que ese portero tan destacado era su hermano, a lo que éste le respondió: “Sí, claro, y yo soy Napoleón”. Tuvo que enseñarle su documento de identidad para que constatara su nacionalidad y su apellido, pues no le quería creer.

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Entre compañeros con Franklin Chang en Ojo de Agua (Ene 1968)

Entre compañeros con Franklin Chang en Ojo de Agua (Ene 1968)

En mis años de La Salle, recuerdo admirar a Franklin Chang por sus acrobacias, durante los recreos, en las barras fijas del Colegio. Él se graduó un año antes que yo, a finales de 1967 y, a inicios del siguiente enero, fuimos juntos a Ojo de Agua con un grupito de muchachos, en un paseo organizado por el padre Fernando Royo, quien se dedicaba entonces a la pastoral juvenil. Las actividades del día resultaron muy variadas y aún conservo fotos de algunos de nosotros subidos en un árbol, como si fuéramos monos, o arriba del trampolín alto, entre Franklin y Raúl Chang, un primo suyo, rodeados de otros amigos. También nos vemos sentados en el zacate, contemplando el laguito, o en el restaurante cuando almorzábamos. Pero la imagen más refrescante es la que nos tomaron a Franklin y mí, junto con un compañero, gozando debajo de la cascada que surge del famoso ojo de agua, que le da su nombre a este popular balneario.

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Mons. Dom Helder Cámara viene con nosotros hasta la UCR (1971)

Mons. Dom Helder Cámara viene con nosotros hasta la UCR (1971)

Al obispo brasileño Dom Helder Cámara se le consideraba el “obispo rojo”, pues fue un acérrimo defensor de los derechos humanos durante la dictadura militar brasileña de los años 60s y 70s. Él decía: “Cuando doy comida a los pobres, me llaman santo. Cuando pregunto por qué son pobres, me llaman comunista”. Con esa fama llegó a Costa Rica, en el año 1971, a un encuentro ecuménico de líderes eclesiales que luchaban por la justicia, reunidos en el Centro Metodista de Alajuela. En la Universidad queríamos conocerlo y se contrataron tres autobuses para movilizar hasta allá a un buen número de estudiantes. Yo iba junto con algunos compañeros de la Acción Cristiana Universitaria, ACU, y nos acompañaba el Dr. Óscar Enrique Mas Herrera, muy identificado con nuestros ideales, quien nos había dado alguna charla en otra ocasión. Con el tiempo, él llegaría a ser uno de mis buenos amigos. Al arribar al lugar del encuentro, empezamos a pedir con grandes aclamaciones, desde la acera del frente, que Dom Helder saliera a saludarnos. Cuando por fin lo hizo, justo empezó a llover, por lo que coreamos que se viniera con nosotros hasta la UCR para poderlo escuchar, en esa misma tarde, y así recibir su mensaje. Él aceptó y se lo trajeron en un auto hasta San Pedro, seguido por nosotros en un ambiente eufórico de cantos festivos al haber logrado nuestro propósito.

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Mi compartir con el Dr. Viktor E. Frankl durante su visita a CR (1971)

Dr. Viktor Frankl

Uno de los cursos que más me enriqueció durante mi carrera fue el de Psicología Existencial, que llevamos con el Dr. Rodrigo Sánchez Ruphuy. Él se había doctorado en Leipzig, Alemania, y se identificaba especialmente con el existencialismo y los psicólogos humanistas. Con el Dr. Sánchez Ruphuy guardo una deuda de gratitud, pues no sólo me escogió como asistente, sino que me contrató, junto con Ana Rita Pagura, para laborar como psicometristas en la Sección de Medicina Psicosomática del Hospital México.

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